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| Foto: Pixabay/AnnaER |
Mostrando entradas con la etiqueta marea2015. Mostrar todas las entradas
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lunes, 28 de septiembre de 2015
Canas de acero
lunes, 7 de septiembre de 2015
miércoles, 2 de septiembre de 2015
martes, 11 de agosto de 2015
Aletas adheridas versus aletas en bolsas adheridas
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| Pixabay/Skeeze |
miércoles, 5 de agosto de 2015
Piratería en el Diario Electrónico de a bordo (DEA)
En el Museo del Mar de Galicia, en Vigo, se pueden observas las anotaciones de un capitán de pesca. Las hojas, amarillas por el paso del tiempo, muestran con letra cuidada y dibujos minuciosos al detalle, las zonas de pesca de este capitán y sus secretos aprendidos a lo largo de su experiencia. Eran datos por los que se reconocía al buen pescador, al que buscaba el pescado más preciado. Datos que podía compartir o no con sus colegas de profesión o con la casa armadora puesto que esos conocimientos, ese olfato para encontrar el pescado, era su pasaporte y garantía de futuro.
miércoles, 29 de julio de 2015
La Luna y el espada
Dedicarse a la pesca del pez espada exige mantener el barco en constante movimiento. Navegar de un lugar a otro recorriendo grandes distancias es lo común en un oficio que busca un animal solitario, poco amigo de grandes concentraciones y altamente migratorio.
lunes, 27 de julio de 2015
Cuando la despedida es un regalo
jueves, 23 de julio de 2015
jueves, 18 de junio de 2015
Jetlag austral
Estamos en verano… podría decir. Aunque la posición geográfica del Pacífico Sur indique que vivo en el otoño, a las puertas del invierno, el fuerte vínculo de pertenencia a nuestra tierra distorsiona la realidad. Se manifiesta como un jetlag estacional perpetuo que separa al cuerpo de la mente en medio del Océano austral. Para el primero, languidece el otoño en forma de olas y viento, golpes de mar y agotamiento al caer rendido sobre el catre; para la segunda, la melodía que nace de una gaita sincroniza el reloj con una noche mágica de meigas y chasquidos sobre las brasas alrededor del solsticio de verano.
martes, 2 de junio de 2015
Potas gigantes del Pacífico
La noche era oscura a pesar de que faltaban tres días para el plenilunio. El cielo permanentemente encapotado en esta parte del planeta impedía que el reflejo de un solo rayo de la luz que da hermosura a la esfera de roca de hierro que nos acompaña en nuestro viaje elíptico alcanzase las aguas del Océano Pacífico cercanas a la costa peruana a través del impenetrable manto de nubes.
lunes, 18 de mayo de 2015
El juego del espada
Si hay un sentimiento duro de digerir en el puente de un pesquero es la mala pesca, una sensación que sólo se domina teniendo claro que es la naturaleza quien juega contigo. Y ante la Madre Naturaleza no podemos sino replegarnos. En este momento da la impresión de que el Océano es un desierto (aunque siempre existe quien encuentra su oasis particular en medio de tanta arena).
viernes, 8 de mayo de 2015
Capeando el temporal
Hoy hemos tenido el mejor lance de la marea a pesar de no haber pescado absolutamente nada. Decimos en la Mar que cuando acecha el temporal y se consigue virar el aparejo sin contratiempos personales antes de que la cosa se ponga fea, el lance es el mejor. No importa la pesca, solamente la seguridad en cada maniobra de cubierta, y con la última boya del palangre a bordo del barco desaparece el estrés producido por los riesgos que esconde un mar embravecido.
miércoles, 29 de abril de 2015
Derecho al voto en la Mar: Marineros ¿ciudadanos?
Reproducimos esta entrada de las anteriores elecciones porque consideramos que el voto es un derecho fundamental al que no debemos renunciar, ni nosotros dejar de reclamarlo. ¿Para cuándo?
El peaje al que nos somete la vida en la Mar está compuesto por una lista interminable de minusvalías vitales que van desde conocer la infancia de nuestros hijos a través de fotografías comentadas con todo el cariño por terceros cuando llegamos a tierra, donde la expresión de soledad de la madre te impide ver la sonrisa del niñ@ y escuchar a quien habla, hasta sufrir en la ausencia de un hombro donde apoyarse la noticia que debió ahogarse en el mar antes de llegar a bordo.
Todos los “no estuve”, “no lo viví”, “no me coincidió en tierra”, “no llegué a tiempo”… son piezas que forman parte de lo cotidiano en la composición del puzle de quienes desarrollamos la mayor parte de la vida en altamar. El mar, como profesión, es una elección voluntaria, aunque en muchas ocasiones forzada por las circunstancias. Resulta más probable terminar como marinero siendo gallego de la costa que castellano-manchego, naciendo en A Guarda, Riveira o Burela que haciéndolo en Guadalajara o Cuenca, pero en el fondo es una elección, y con ella arriban sus pros y sus contras, que afectan al ámbito de lo personal por decisiones propias. Se asumen las ausencias, la soledad y la nostalgia cuando uno se embarca. Se sobrevive a ellas, incluso me atrevería a decir que se aprende a aliarse con ellas con el fin de minimizar los daños ocasionados por las pérdidas personales. Pero ¿qué sucede con las pérdidas como ciudadanos pertenecientes a una sociedad? ¿Debemos asumir la pérdida de derechos como propia por haber elegido ganarnos el pan en medio de un Océano?
Estos días nos llegan noticias desde tierra que destacan la importancia de ejercer nuestro derecho al voto. Que la participación ciudadana será capital para nuestro futuro. Que tendremos que elegir entre el mundo animal, vegetal, geométrico, estelar o, si nos sale de dentro, ninguno. En fin, que los ciudadanos decidiremos…bueno, decidirán. Somos muchos los que estaremos en la Mar y que no disfrutaremos de la posibilidad de participar, con nuestro voto o sin votar, en lo único que nos permite sentirnos, por un instante, dueños de la
democracia.
¿Para cuándo el derecho al voto en altamar? No se trata de la influencia que este pueda tener o no sobre los resultados, sino sobre el reconocimiento de uno mismo como miembro de pleno derecho de un país que se autodenomina del primer mundo. Es una cuestión de derechos fundamentales para unos ciudadanos a quienes, sin embargo, la vida en el Océano no impide cumplir con sus obligaciones con el Estado.
Parece evidente, dado el nulo interés mostrado por los responsables políticos en poner fin a este agravio excluyente que convierte a los marineros embarcados en ciudadanos “de segunda”, que la dimensión aritmética, y no la custodia de los derechos fundamentales, es la energía capaz de poner la maquinaria en marcha. Eso es lo importante: la estadística. ¿Qué significa, entonces, una gota en el Océano?
Todos los “no estuve”, “no lo viví”, “no me coincidió en tierra”, “no llegué a tiempo”… son piezas que forman parte de lo cotidiano en la composición del puzle de quienes desarrollamos la mayor parte de la vida en altamar. El mar, como profesión, es una elección voluntaria, aunque en muchas ocasiones forzada por las circunstancias. Resulta más probable terminar como marinero siendo gallego de la costa que castellano-manchego, naciendo en A Guarda, Riveira o Burela que haciéndolo en Guadalajara o Cuenca, pero en el fondo es una elección, y con ella arriban sus pros y sus contras, que afectan al ámbito de lo personal por decisiones propias. Se asumen las ausencias, la soledad y la nostalgia cuando uno se embarca. Se sobrevive a ellas, incluso me atrevería a decir que se aprende a aliarse con ellas con el fin de minimizar los daños ocasionados por las pérdidas personales. Pero ¿qué sucede con las pérdidas como ciudadanos pertenecientes a una sociedad? ¿Debemos asumir la pérdida de derechos como propia por haber elegido ganarnos el pan en medio de un Océano?
Estos días nos llegan noticias desde tierra que destacan la importancia de ejercer nuestro derecho al voto. Que la participación ciudadana será capital para nuestro futuro. Que tendremos que elegir entre el mundo animal, vegetal, geométrico, estelar o, si nos sale de dentro, ninguno. En fin, que los ciudadanos decidiremos…bueno, decidirán. Somos muchos los que estaremos en la Mar y que no disfrutaremos de la posibilidad de participar, con nuestro voto o sin votar, en lo único que nos permite sentirnos, por un instante, dueños de la
democracia.
¿Para cuándo el derecho al voto en altamar? No se trata de la influencia que este pueda tener o no sobre los resultados, sino sobre el reconocimiento de uno mismo como miembro de pleno derecho de un país que se autodenomina del primer mundo. Es una cuestión de derechos fundamentales para unos ciudadanos a quienes, sin embargo, la vida en el Océano no impide cumplir con sus obligaciones con el Estado.
Parece evidente, dado el nulo interés mostrado por los responsables políticos en poner fin a este agravio excluyente que convierte a los marineros embarcados en ciudadanos “de segunda”, que la dimensión aritmética, y no la custodia de los derechos fundamentales, es la energía capaz de poner la maquinaria en marcha. Eso es lo importante: la estadística. ¿Qué significa, entonces, una gota en el Océano?
domingo, 22 de marzo de 2015
Todo es más sencillo... sobre una carta
Antes de comenzar una larga travesía entre dos puntos emblemáticos de la navegación el ánimo está impregnado de positivismo, del de los sueños. Sobre el papel, encima de la mesa de cartas del puente, al abrigo del puerto, el trabajo de cruzar un Océano se presenta como una afortunada aventura que crece entre compases, lápices y transportadores de grados. Es un privilegio para cualquier navegante emprender una ruta que va a pasar por lugares que sus nombres hacen honor a Darwin, Cook, Magallanes o El Cano... y también al Monte Sampaio. Esto convierte al estudio de los partes meteorológicos, las corrientes, los posibles bajos y el derrotero más adecuado en una actividad gratificante previa a la salida del continente africano.
martes, 10 de marzo de 2015
Navegando con treinta nudos de media
Salimos con la Mar en calma. Dentro de la bahía el espectaculo era abrumador. Nos sentimos por un momento como unos seres privilegiados al poder disfrutar de un entorno natural desde una perspectiva diferente. Solamente había que observar las caras y las carreras de cada tripulante por la cubierta. Buscaban el mejor plano fotográfico. Conservar un instante para el recuerdo parecía lo único importante y así transcurrió una hora muy especial: entre fotos y sonrisas a un objetivo.
sábado, 28 de febrero de 2015
Hélice: empurrando cara adiante
viernes, 13 de febrero de 2015
Portillo de babor: Exhausto
Subió al dique seco con padecimientos maratonianos. El agotamiento, causado por largas travesías encadenadas durante los últimos dos años, se dejaba ver con claridad en el deterioro de su casco. En forma de pintura cuarteada, de centenares de percebes que surgieron de las aguas una vez liberado del peso de su carga, de anti-fouling inexistente vencido por el paso del tiempo y convertido en un criadero de algas que ya no refleja la luz, sino que se la traga.
miércoles, 11 de febrero de 2015
Cape Town: Cruce entre el regreso y el adiós
A medida que se acerca al muelle, donde lo espero, la proa del barco se va transformando de un minúsculo punto alejado en la bahía a dos amuras esbeltas con ansias de rematar la faena. Todavía resuenan nítidas las notas de la gaita de Tino Baz que bailaron entre la lluvia el último fin de semana. Allí comenzó la marea.
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