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domingo, 9 de agosto de 2020

Soltar amarras

Foto: Santiago Baz Lomba
Volvemos. Tras más de nueve meses en dique seco, volvemos. Retomamos el blog. Han sido nueve meses de tempestades en tierra que hemos afrontado de la mejor manera posible. Ahora toca de nuevo zarpar, mirar hacia el horizonte, volver a analizar el estado de la mar y buscar refugio en lo que más nos gusta: el mar, la escritura y el rock and roll.

lunes, 8 de febrero de 2016

En busca de los espadas

Hace un año, exactamente, me encontraba al otro lado del mundo de donde ahora nos preparamos para salir de nuevo a la mar. Así es la vida marinera en los barcos espaderos: lejos de la aparente diferencia con los cazadores/recolectores anteriores a los asentamientos humanos neolíticos. Los grandes migradores marcan la pauta de nuestras navegaciones alrededor del globo.

martes, 10 de marzo de 2015

Navegando con treinta nudos de media

Salimos con la Mar en calma. Dentro de la bahía el espectaculo era abrumador. Nos sentimos por un momento como unos seres privilegiados al poder disfrutar de un entorno natural desde una perspectiva diferente. Solamente había que observar las caras y las carreras de cada tripulante por la cubierta. Buscaban el mejor plano fotográfico. Conservar un instante para el recuerdo parecía lo único importante y así transcurrió una hora muy especial: entre fotos y sonrisas a un objetivo.

sábado, 28 de febrero de 2015

Hélice: empurrando cara adiante

Pretendía deixalo para máis adiante. Pensaba escoitar só rock e música clásica ata que pasara un tempo no mar. Desexaba manter o lume afogado, aló lonxe, dentro do cuarto escuro, no fondo, onde non esperta a dor, onde consigo mantela encadeada. Imaxineime duro coma unha pedra antes de que miles de millas nos quentaran o lombo. Pero non foi así. Na soidade da ponte a horas de sair para o mar, por descoidado ou por buscalo (non o teño craro), puxen no mp3 Luar na lubre. Todo estoupou a través da Terra e quixen ser o neno da Cantiga de berce e durmir durante os próximos dez meses.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Cape Town: Cruce entre el regreso y el adiós

A medida que se acerca al muelle, donde lo espero, la proa del barco se va transformando de un minúsculo punto alejado en la bahía a dos amuras esbeltas con ansias de rematar la faena. Todavía resuenan nítidas las notas de la gaita de Tino Baz que bailaron entre la lluvia el último fin de semana. Allí comenzó la marea.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Y así comenzó esta marea


Llevamos dos semanas de marea y quisiéramos compartir con vosotros el origen de esta travesía. Es un origen que se explica con el paso del tiempo, la mejor manera de valorar lo que nos acontece día a día. Para esta pequeña historia hemos elegido una canción que no podría ser otra que “Acabo de llegar” de Fito y Fitipaldis porque nos inventamos, haciéndonos peces y comenzando por las espinas.



Con esta canción de fondo, crucé con Joaquín el Atlántico a bordo de un palangrero en el año 2007. Balueiro lo hizo por mar y yo, desde tierra, siguiendo cada una de las cabezadas de la proa de aquel barco. Del continente americano al africano y vuelta, persiguiendo espadas, él, y teniendo el lujo, yo, de vivir en primera persona las inquietudes de un patrón/marinero a bordo de un barco; de su preocupación tras una mala jornada de pesca; de su “morriña”; de la añoranza de su familia, patroneada desde tierra por su amada Fini; y de su convivencia diaria con el océano. A partir de aquel año me embarqué, desde el teclado de mi ordenador, en cada una de sus mareas.

¡Gracias patrón por darme la oportunidad! Y doy las gracias porque a partir de aquella marea tomé consciencia de un hecho que sí sabemos los que nos quedamos en tierra pero que no tenemos presente hasta que situamos nuestra mente en algún barco en el medio del océano. En más de una ocasión he escrito sobre la dureza de trabajar en la Mar, del medio inhóspito y de la difícil convivencia a bordo y, quizá, hasta aquella primera marea, lo hice de manera automática. Ese año 2007 comprendí realmente que, más allá de salir a buscar pescado y rentabilizar la faena, una marea está cargada de otros componentes que marcarán tanto a los que se embarcan como a los que en tierra estamos pendientes. Aspectos que quedan muy lejos de las reglamentaciones y normativas que emanan de unos despachos donde la temperatura es constante, las jornadas de trabajo tienen un límite diario, el aire no te congela la mirada y nada se mueve.

A bordo, los días se suceden constantes sin interrupción pero al mismo tiempo avanzan lentos y van impregnando la marea de sentimientos que se acentúan a medida que avanza el tiempo; sentimientos que se van mezclando con el aroma del mar y de la sal. Se crea una nueva familia a bordo, temporal, pero con lazos férreos y, en muchos casos, hasta duraderos; se refuerza la implicación de la tripulación por encima de sus personalidades dispares; aumenta respeto por un medio que enseña su lado más oscuro cuando menos te lo esperas; se resiente el espíritu por las ausencias; se descubren las necesidades y las ilusiones que se esconden tras el esfuerzo de cada uno de los miembros de la tripulación; se magnifican los sentimientos, y se siente realmente lo pequeños e insignificantes que somos en un universo tan grandioso. Todo eso me lo ha ido transmitiendo sabiamente Balueiro desde alta mar.

Porque en La Mar, como dice la canción de Fito que hoy nos acompaña, no hay esquinas y difícilmente uno puede esconderse.

Así es, Nieves. La Mar no permite que te escondas. Te muestra tu propia verdad reflejada en su inmensa alma. Sobre ello, imagino que iremos escribiendo a lo largo de la travesía que acabamos de empezar. Lo que sí querría significar ahora es que esta aventura, en mi caso, también comenzó en aquella marea.

No supe lo mucho que me gustaba escribir sobre la Mar hasta que en aquel verano de 2007 (invierno en el Hemisferio Sur, a la salida de Montevideo), en una noche de navegación estrellada, de luna, en calma, te escribí un correo con una descripción del espectacular firmamento que sobre nosotros imponía su autoridad, con una belleza difícilmente perceptible fuera de la soledad que te otorgan los 360º de horizonte, sin más presencia humana que uno mismo en el centro. Fue sólo el primer texto y me animaste a seguir escribiendo… Hasta hoy.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Arria a boia


“Arría a boia” me dice mi amigo Joaquín, más conocido en el sector pesquero como Balueiro. Me lo dice como inicio de esta andadura que comenzamos juntos. Quizá os preguntéis porqué.

Simplemente porque nos gusta escribir; nos gusta el mar, perdón, “la Mar”, así con mayúsculas y en femenino, como lo dice todo marinero; y nos apetecía poner en marcha algo juntos.

La mezcla de ingredientes no podía llevarnos a otro lugar que a este blog donde encontraréis mucho mar, algo de literatura y posiblemente grandes dosis de rock’n’roll.

Somos dos mentes inquietas, dos corazones imparables. A Balueiro lo podrás encontrar en medio de "la Mar", persiguiendo espadas, contando estrellas e intentando escuchar el canto de las sirenas. A mi, en la redacción de la revista del sector marítimo con mayor antigüedad: Industrias Pesqueras, tecleando sin parar sobre pesca, una actividad que tiene la capacidad de superar la dimensión económica y contar con un fuerte peso social y cultural.

Llevamos las venas cargadas de salitre y por eso nuestro corazón, como bien dice este blog, es de sal.

“Boia arriada”, patrón... Zarpamos