Volvemos. Tras más de nueve meses en dique seco, volvemos. Retomamos el blog. Han sido nueve meses de tempestades en tierra que hemos afrontado de la mejor manera posible. Ahora toca de nuevo zarpar, mirar hacia el horizonte, volver a analizar el estado de la mar y buscar refugio en lo que más nos gusta: el mar, la escritura y el rock and roll.
A memoria oral, eco da voz que se perde no esquecemento, transformada en materia polo asubiar do cepillo, nas mans do carpinteiro de ribeira. Puír o soño de preservar unha cultura salgada en cada lasca do carballo e o piñeiro que sustentan a estructura do pasado.
Comienza en A Guarda, Pontevedra, el XIV Encontro de Embarcacions Tradicionais de Galicia, organizado, entre otros, por la Asociación Piueiro. Así, desde el 11 y hasta el 14 de julio, el pueblo se convertirá en punto de referencia para la cultura marinera, exactamente lo que la Asociación Piueiro quiere recuperar y en lo que poner el foco.
Foi onte, no Ágora da Coruña.
Sentir a emoción previa dos grandes concertos. O auditorio cheo. Expectante. Saber que algo extraordinario vai acontecer sobre as táboas: o son, que rompe coa lei da gravidade, non para voar, senón para cargar de peso o intre. A auga, a terra, a luz; todo atrapado na fonte das ondas: onte, a palabra.
Viajamos hoy al corazón de la pesca, y lo hacemos a través de la Asociación Piueiro, creada en A Guarda, e impulsada por varios colectivos y entre ellos mi compañero de blog, Joaquín Cadilla.
Arde a Terra. Ferida, desprendese en miúdos coa silueta das cinzas.
De camiño a casa, no coche, non desexo pechar as ventanillas porque sinto a dor no cheiro do fume. O corpo só me pide inhalalo. Quero compartir con ela o afogo dos seus berros.
Esta mañán enchemos un contenedor no porto de Vigo. Capturado o fume ó pechar as portas, chegará a Perú, para a bordo dun anaco do país que leva máis dun decenio sin bicar súas augas. O fume da traxedia impregnará mamparos, aparellos, baos e cadernas. Rememorará a dor de hoxe, pero non como un laio. Non. Co desacougo de non poder colgar polos collóns, nun carballo, aos responsables deste cheiro que só reclama vinganza coa intensidade dun opiáceo.
De momento a poesía libera os instintos.
Ignoro que significaron os poemas das enormes Dores Tembrás i Eva Veiga. Si sei o que hoxe significa para min a maxia da súa poesía: un berro que sofoca o lume. Grazas.
Dores Tembrás Eva Veiga
(Auga a través) (Silencio Percutido)
ten medida a esperanza? selva de sons
mais a tarde
acordar noutra altura esa palabra
o peito entalado
sen reverso
un asedio de liques
perpetrando o espolio
non ten forma de súplica
nin de pregaria
son os berros primixenios
anunciándolle ao corpo
a fin
estás a chorar, non é?
fechar a porta con chave
para que non entre a auga
esperanza
agardar por un encabalgamento
cando só hai final de poema
Ayer asistimos a la excepcional presentación del segundo poemario de Xosé Iglesias en la librería Cartabón de Vigo.
A Relixión do mar es navegar entre versos. Esta vez salimos de las venas de Transfusión Oceánica para para sentir cada nudo en nuestras manos, recordar a nuestras madres atando las redes, a nuestras abuelas llenando agujas, a nuestros padres arrancando el AYON del barco.
Bajo el título "Viaxe o centro do oceanográfico", el Centro Oceanográfico de Vigo dependiente del Instituto Español de Oceanografía celebra hasta el sábado día 29 una serie de talleres abiertos al público en los que enseña el trabajo del Centro en sus principales áreas de investigación: oceanografía, contaminación, pesquerías, acuicultura y mareas rojas. Y hasta el Museo Marco, sito en la calle Príncipe, en cuyas instalaciones han dispuesto todo lo necesario para mostrar su trabajo, nos acercamos.
Ya está aquí la segunda edición del Concurso de relatos "Homes e Mulleres do Mar" convocado por ORPAGU y destinado a niños de entre 10 y 12 años de edad.
A bordo de un barco en alta mar es tan necesario el ingenio como la formación... y en todos siempre hay un personaje que nos salva en las situaciones más insólitas. El nuestro se llama Winston pero por sus dotes se ha ganado el apelativo de Mac Gyver por su capacidad de construir herramientas a partir de cualquier hierro, tubo o plancha que parezca inútil a bordo.
A menudo siento nostalgia de la Mar (a menudo, mientras desayuno en el calor del hogar, con la vista perdida hacia el oeste, clavada en la linea del horizonte atlántico, entre marea y marea). Sucede porque el recuerdo de la Mar en la Mar, en su inmensa presencia de 360º, contradice al mundo que nos muestran los informativos. Su voz, la de la Mar, parece enmudecer en su encuentro con las rocas de la costa, como en una frecuencia inaudible para el oído de los hombres. Siento nostalgia de su voz al escuchar el sonido de los disparos entre los acordes de las guitarras.
A un paseo de la casa donde vivió sus últimos años, detrás de una de las mejores pinacotecas del mundo (Museo del Prado), en dos salas de la Casa de Galicia en Madrid, el color de Juan Garcés iluminó el espacio.
Cuando todavía continúan abiertas las heridas producidas por la crisis financiera; algunas aún sangrando; otras mal cicatrizadas; y muchas bajo tratamiento antibiótico de dudoso resultado, puede parecer temerario, visto desde un ángulo cortoplacista del prisma, plantearse la necesidad de la renovación de la flota de palangre de superficie española.
Vivimos en un mundo trepidante. La tecnología nos invade y los bytes pasan a incoporarse en nuestro ADN diario, convirtiéndonos en seres simples configurados en un lenguaje binario de ceros y unos que parece impulsarnos a vivir más rápido, más deprisa. Sentimos como nos absorbe el oxígeno que nos rodea y los días caen en el calendario como hojas de otoño.
“Galicia es cada playa, cada especie que vive en su arena. Esta en una gota de agua, en la oscuridad de una cueva. Es marea y es mar. Galicia es la tierra”.
Si hay un sentimiento duro de digerir en el puente de un pesquero es la mala pesca, una sensación que sólo se domina teniendo claro que es la naturaleza quien juega contigo. Y ante la Madre Naturaleza no podemos sino replegarnos. En este momento da la impresión de que el Océano es un desierto (aunque siempre existe quien encuentra su oasis particular en medio de tanta arena).
Reproducimos esta entrada de las anteriores elecciones porque consideramos que el voto es un derecho fundamental al que no debemos renunciar, ni nosotros dejar de reclamarlo. ¿Para cuándo?
El peaje al que nos somete la vida en la Mar está compuesto por una lista interminable de minusvalías vitales que van desde conocer la infancia de nuestros hijos a través de fotografías comentadas con todo el cariño por terceros cuando llegamos a tierra, donde la expresión de soledad de la madre te impide ver la sonrisa del niñ@ y escuchar a quien habla, hasta sufrir en la ausencia de un hombro donde apoyarse la noticia que debió ahogarse en el mar antes de llegar a bordo.
Todos los “no estuve”, “no lo viví”, “no me coincidió en tierra”, “no llegué a tiempo”… son piezas que forman parte de lo cotidiano en la composición del puzle de quienes desarrollamos la mayor parte de la vida en altamar. El mar, como profesión, es una elección voluntaria, aunque en muchas ocasiones forzada por las circunstancias. Resulta más probable terminar como marinero siendo gallego de la costa que castellano-manchego, naciendo en A Guarda, Riveira o Burela que haciéndolo en Guadalajara o Cuenca, pero en el fondo es una elección, y con ella arriban sus pros y sus contras, que afectan al ámbito de lo personal por decisiones propias. Se asumen las ausencias, la soledad y la nostalgia cuando uno se embarca. Se sobrevive a ellas, incluso me atrevería a decir que se aprende a aliarse con ellas con el fin de minimizar los daños ocasionados por las pérdidas personales. Pero ¿qué sucede con las pérdidas como ciudadanos pertenecientes a una sociedad? ¿Debemos asumir la pérdida de derechos como propia por haber elegido ganarnos el pan en medio de un Océano?
Estos días nos llegan noticias desde tierra que destacan la importancia de ejercer nuestro derecho al voto. Que la participación ciudadana será capital para nuestro futuro. Que tendremos que elegir entre el mundo animal, vegetal, geométrico, estelar o, si nos sale de dentro, ninguno. En fin, que los ciudadanos decidiremos…bueno, decidirán. Somos muchos los que estaremos en la Mar y que no disfrutaremos de la posibilidad de participar, con nuestro voto o sin votar, en lo único que nos permite sentirnos, por un instante, dueños de la
democracia.
¿Para cuándo el derecho al voto en altamar? No se trata de la influencia que este pueda tener o no sobre los resultados, sino sobre el reconocimiento de uno mismo como miembro de pleno derecho de un país que se autodenomina del primer mundo. Es una cuestión de derechos fundamentales para unos ciudadanos a quienes, sin embargo, la vida en el Océano no impide cumplir con sus obligaciones con el Estado.
Parece evidente, dado el nulo interés mostrado por los responsables políticos en poner fin a este agravio excluyente que convierte a los marineros embarcados en ciudadanos “de segunda”, que la dimensión aritmética, y no la custodia de los derechos fundamentales, es la energía capaz de poner la maquinaria en marcha. Eso es lo importante: la estadística. ¿Qué significa, entonces, una gota en el Océano?
Nos acercamos hoy hasta las islas Ons, ubicadas en la bocana de la ría de Pontevedra, y lo hacemos a través de un fantástico libro titulado “Ons, una isla habitada”, escrito por Paula Ballesteros-Arias y Cristina Sánchez-Carretero, que se puede descargar gratuitamente para Ipad y Mac.
Pretendía deixalo para máis adiante. Pensaba escoitar só rock e música clásica ata que pasara un tempo no mar. Desexaba manter o lume afogado, aló lonxe, dentro do cuarto escuro, no fondo, onde non esperta a dor, onde consigo mantela encadeada. Imaxineime duro coma unha pedra antes de que miles de millas nos quentaran o lombo. Pero non foi así. Na soidade da ponte a horas de sair para o mar, por descoidado ou por buscalo (non o teño craro), puxen no mp3 Luar na lubre. Todo estoupou a través da Terra e quixen ser o neno da Cantiga de berce e durmir durante os próximos dez meses.